La modernidad mal entendida dejó a Chicote, o nuestra percepción es este emblemático lugar, en una idea instalada entre lo casposo y desfasado. Pero el tiempo que quita y pone en su sitio las cosas, devuelve el brillo a lo que tiene valor, lo viste de vintage y lo revive para instalarlo cómodamente en lo legendario. Así es la nueva vida del primer bar americano del país.

Afortunadamente Chicote (Gran Vía, 12) siempre ha tenido sus fieles que lo han mantenido y ha llegado a nuestros días de una pieza sin perder su autenticidad. Desde hace un par de años el Museo Chicote está gestionado por el Grupo Mercado de la Reina, un grupo hostelero que ha hecho fuerte en esta parte de la Gran Vía que se mantiene inmunizada de la pronto moda para alegría de los crápulas y la buena mesa.

“Mucha gente nos decía cuando cogíamos Chicote que era una locura porque ellos tenían una percepción del lugar como rancio y casposo”, explica Raúl Gómez, uno de los socios de este grupo hostelero. “Cogimos Chicote con mucho respeto, es una coctelería de referencia y hemos querido preservar su esencia haciendo lo que Perico Chicote hacía buenos cócteles y, algo que la gente no sabía, comidas”, explica.

Durante el tiempo que el mítico barman llevó su local, entre 1931 y 1977 cuando murió, en el Chicote se servían comidas y cenas. Algo que se ha recuperado este año. “Hemos empezado con un monoplato. Un entrecot al estilo bistró parisino con salsas a elegir, ensalada y postre”, explica el Gómez. Un menú sencillo y agradecido que deja la sofisticación en donde tiene que estar en Chicote, en la barra.

Y la fórmula funciona, con los estómagos armados entran mejor la piña colada, el mai tai, el manhattan o el cóctel de la casa, el chicote. “Los días de diario está funcionando como un restaurante normal, pero los fines de semana, desde el viernes las comidas y las cenas se prolongan con cócteles”.

El Chicote ha recuperado sus premios para el mundo de la cultura el arte y el cine. “Él se los dio a Dalí, a Hemingway y a gente del cine de entonces. No podemos igualar eso, pero hemos creado varias categorías, desde la mejor obra social, que se lo hemos dado al Padre Ángel a la Investigación en Ciencia que se lo ha llevado el doctor Bonaventura Clotet, entre otros”.

Uno de los que ha recibido un premio Chicote en 2018 ha sido Paco León y es que la sinergia entre la producción Arde Madrid y el local es máxima. Las fotos de la serie están en gran formato destacadas en el local, en una de ellas se ve destacada a Debi Marzar que interpreta a Ava Gardner saliendo del Chicote.

Arde Madrid ha creado una relación especial con la serie. Primero porque es uno de los escenarios reales donde pasó tiempo Ava Gardner como la toda la elite cultureta y crápula del Madrid de los cincuenta. Segundo porque debido a su estado de conservación ha hecho de escenario clave de unas cuantas escenas de la serie. Y ha recuperado para el gran público la historia emblemática de la noches de la Dolce Vita madrileña. Hasta el punto de que ya existe una ruta turística de Arde Madrid, que tiene parada obligatoria en Gran Vía 12.

“Estamos muy satisfechos del impacto tanto de las comidas como de Arde Madrid en el local. Está resultando muy interesante a todos los niveles, tanto con la clientela, como en facturación. Todo está ayudando a que se recupere la magia del local”, asegura Raúl Gómez..

Para apreciar la nueva vida de Chiconte basta con pasarse un sábado o un viernes noche, cuando a la sobremesa de la cena se suman sesiones de DJ que conducen la velada hasta pasadas las dos de la madrugada. Nada que ver con las jaranas de Ava Gardner, pero es que los horarios de la noche, no son, ni serán los mismos, aunque resucite el mismísimo Chicote o la Gardner.

Fuente: elindependiente